Un mono, una araña, un colibrí y cientos de figuras creadas hace más de dos mil años forman parte del grupo de geoglifos más grande del mundo. ¿Cómo fueron realizados con tanta perfección? ¿Qué significado podría tener un ave en medio del desierto? Acá estas y muchas más respuestas.

Tuvieron que pasar cerca de 400 años para que se tomara en serio el descubrimiento que el historiador español Cieza de León hiciera en 1547. Según relató en ese entonces –sin mucho éxito ni mayor interés por parte de la comunidad científica–, vio “señales en algunas partes del desierto de Nazca”.

La crónica de este español se mantuvo olvidada por años hasta que, entrado el siglo XX, algunos pilotos comerciales comenzaron a reportar extrañas e inmensas figuras en dicha zona de Perú. Sólo ahí los investigadores se embarcaron en su búsqueda, para dar paso a lo que hoy conocemos como las famosas líneas de Nazca.

Declaradas Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO, actualmente se tiene certeza de que existen casi 150 figuras dispersas en 450 kilómetros cuadrados, alcanzando una longitud de aproximadamente 1.300 kilómetros en el desierto del sur de Perú. Pero, ¿qué son estas enigmáticas formaciones y quiénes estuvieron tras ellas?

El misterio del desierto

Durante más de una década, el historiador estadounidense Paul Kosok estuvo completamente dedicado a comprender el origen y el significado de las curiosas figuras trazadas en el desierto de Nazca. Fue en 1941 cuando la matemática, física y geógrafa María Reiche se unió a su investigación; siete años después, Kosok decidió dejar Perú, pero esta mujer se empecinó por resolver el enigma que tenía entre manos.

Dicen que tuvo que utilizar innumerables escobas para llevar a cabo el trabajo; tanto así, que la gente local comenzó a circular el rumor de que Reiche era una bruja. Lo que no sabían era que, junto con su brújula, una huincha y una libreta, las escobas se convirtieron en parte fundamental de su descubrimiento, pues con ellas retiraba la gravilla que miles de años se habían encargado de tapar las enigmáticas líneas zanjadas en la arena.

Completamente enamorada del desierto y obsesionada con la idea de comprender lo que tenía frente a sus ojos, esta matemática descubrió 70 geoglifos de entre 50 y 300 metros de longitud, desarrollados por la cultura Nazca entre los años 500 a.C. y 500 d.C. Muchas aves, un mono, un caracol, un lagarto, una araña y algunas representaciones geométricas forman parte de lo que hoy se puede ver desde los aires.

Tras años de estudio, llegó a la conclusión de que las figuras determinaban astronómicamente el calendario climático de la civilización, basándose en ellas para desarrollar sus actividades agrícolas. Sin embargo, otros científicos han agregado detalles a esta teoría, indicando que las líneas también servirían como manifestaciones religiosas, culturales y ceremoniales.

Con el paso de los años, los descubrimientos de María Reiche se comenzaron a popularizar, generando infinita curiosidad entre las personas. Muchas llegaban a la zona y se internaban en el desierto, generando daño en los avances de la científica. Fue por ello que las autoridades optaron por crear una torre de observación, desde la cual hoy se pueden ver de forma parcial los geoglifos más cercanos a la carretera. Incluso, se optó por crear un aeródromo para que el público pudiera sobrevolar el desierto y admirar las figuras desde grandes alturas.

Una investigación que aún no termina

Conforme con todos los años dedicados a investigar las líneas de Nazca, y habiendo generado una inmensa herencia científica, turística y patrimonial para Perú, María Reiche falleció en 1998 a los 95 años. Sin embargo, la búsqueda de nuevos descubrimientos en el desierto no se detuvo allí.

Entre 2016 y 2018, un grupo de investigadores japoneses llegó a la zona convencido de que había mucho más por descubrir aún. Utilizando inteligencia artificial, descubrieron un centenar de nuevas formaciones que, según ellos, fueron desarrolladas entre los años 100 a.C. y 300 d.C.

Hoy cualquiera puede ser testigo del grupo de geoglifos más grande del planeta tomando un tour de sobrevuelo por las líneas de Nazca. Durante años este tipo de servicios estuvo poco regulado, dando paso a que avionetas independientes sin los permisos necesarios ofreciera peligrosos vuelos a los turistas. Sin embargo, esta situación se ha revertido en el último tiempo, por lo que las aerolíneas que hoy realizan este recorrido cuentan con todas las garantías de seguridad.

El desierto de Nazca presenta excelentes condiciones climáticas, ideales para vivir esta experiencia durante todo el año. Sin embargo, la temporada de mayor afluencia de visitas es entre junio y agosto, época para la cual se recomienda reservar los tours con anticipación.

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